7.11.06

Consumo audiovisual e inmediatez

Alguien me puede explicar cuál es el sentido, en estos momentos, de los audímetros. ¿Por qué los programadores televisivos se empeñan en medir el éxito o fracaso de sus apuestas con una vara tan raquítica? ¿Acaso no son conscientes de los cambios radicales en los hábitos de consumo de los espectadores, en general, y los telespectadores en particular? Los tiempos están cambiando, que cantaba Dylan, pero algunos se aferran a herramientas trasnochadas de evaluación de la nueva realidad audiovisual.

Desde hace unos años, la popularización de la tecnología de grabación y reproducción (léase vídeo antaño, y ahora DVD) ha promovido un cierto consumo a la carta. La mayoría de los usuarios de nuevas tecnologías (y no tan nuevas, que algunas tienen ya sus añitos) deciden cómo y dónde devoran sus productos favoritos (cine, televisión, música). Entonces, ¿por qué la vida de un programa depende de sus índices (claramente ficticios) de audiencia? ¿Acaso un espacio es mejor si lo ven 3 millones de espectadores en el momento mismo de su emisión que si luego es recuperado, vía DVD grabador, vídeo o internet, por decenas de millones de espectadores que decidieron no sentarse en ese instante preciso ante la pantalla?

Evidentemente, en ocasiones los bajos índices de audiencia constituyen toda una bendición para el sufrido espectador, que ve cómo son barridos de un plumazo de su (ya no tan pequeña) pantalla bodrios irredimibles como "Ellas y el sexo débil" o subproductos de similar calaña. Pero en ocasiones la marea del consumo inmediato barre también hitos, o al menos aspirantes a jalones de la cultura popular. Una serie excelente como "Firefly", creada por Joss Whedon después de su arrollador éxito con "Buffy" y "Ángel", apenas tuvo ocasión de extender sus alas antes de que el hacha de los índices de audiencia la descabezara. Pero, justicia poética, las ventas de los DVD y su difusión en la red provocó que acabara resucitando en la pantalla grande, como "Star Trek" un cuarto de siglo antes.

Pero, claro, olvidaba que la televisión no es un medio de comunicación, sino que desde su origen mismo se postuló como medio publicitario. Y que quienes consumimos el audiovisual por vías indirectas no comulgamos con las ruedas de molino del spot de turno. Ya encontrarán otras vías para hacernos tragar, estoy seguro. De momento, carpe diem. Me voy a ver el nuevo capítulo de "Perdidos" antes que que bajen (más) las audiencias y me quede sin saber qué (bip) es la isla.

6.11.06

La cultura de la inmediatez


Parece que el sino de los tiempos es éste. La obsesión por lo inmediato, lo finito. Es un hecho trasladable a prácticamente todos los ámbitos de nuestra realidad circundante. Lo importante no es el conocimiento adquirido, sino el saber urgente. La mejor forma de sobresalir en una charla de café no es alardear de una cosmogonía propia, analizar coherentemente la situación política o poseer conocimientos enciclopédicos de cualquier ámbito de creación, sino saber quién es quién en el minuto preciso que tiene lugar la charla, o saber cuál es la serie de moda, el título a punto de estrenarse, o el libro ya publicado fuera y aún sin traducción. Los nuevos héroes de este nuevo milenio son personajes intrascendentes que amortizan sus 15 minutos de fama mediática que preconizaba Warhol.
Reconozco que yo también me he dejado arrastrar por esta marea de la inminencia. Me obsesiono con seguir el último capítulo de la teleserie adictiva del momento (léase "Perdidos", "Prison Break", "Galáctica", "How I Met Your Mother" o la fascinante "Héroes"), sin reparar en condiciones, formas o vías. He pasado de una obsesión por la perfección (formatos correctos, versión original, el dvd como panacea) a contagiarme por la necesidad de ser el primero en conocer, el único en saber, para luego alardear de ello ante mis (sufridos) conocidos. Internet, como herramienta cuyas virtudes innegables parecen empeñados en contradecir los nuevos agoreros milenaristas, es la príncipal culpable de este nueva tendencia postmoderna.
Pero como cantaba el amigo Prince, más bien parece tratarse de un "Sign'O The Times".